A Dios Padre
y a los que son padres por participa ción
y también azotan
por participación
Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor;
ni te desanimes al ser reprendido por él.
Pues a quien ama el Señor, le corrige;
y azota a todos los hijos que acoge.
Sufrís para corrección vuestra.
Como a hijos os trata Dios, y
¿qué hijo hay a quien su padre no corrige?
Mas si quedáis sin corrección, cosa que todos reciben,
señal de que sois bastardos y no hijos.(Hb 12, 5‑8)
Habría que ser un Dios para amarte
habiendo cargado el peso de tu furia
aún siendo culpable de toda incuria
preferiría morir mil veces la muerte
antes que el dolor de los ojos mirarte.
Aún así ni siquiera tengo la gloria
y el alivio de poder enrostrarte
un ¡no te amo! ¡imposible quererte!
inclusive revolviendo mi escoria
soy impotente para ofenderte.
Sin embargo tengo fe y espero
que llegará el día que tu quieres
en que muera muerte de mil amores
atravesado por estocada de torero
y el bufido final sea un ¡te quiero!
El día en que el espanto de tus terrores
me haya consumido por entero
y de mi alma solo quede agujero
que supieron cavar los dolores
y tu tierno amor sabor de acero.
Habría que ser un Dios para amarte
así cae el velo descubriendo tu secreto
haces de nuestra alma agujero inquieto
llenándolo con un divino buscarte
que la unión aplaca al disolverse el dueto.
Conselheiro
sábado, noviembre 26, 2005
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