¿Por qué me abandonas fuego divino
Por qué te escurres de mis manos
donde están ahora esos deseos arcanos
de destruir todo contra el molino?
Por qué agoniza en mi el Quijote
y un cáncer burgués incrustado espino
quiebra la copa derramando el endiosante vino
del lomo castigar, exigir, sin aflojar el azote.
Divino fuego no abandones mi galeote
es mejor mil veces el naufragio seguro
domar embravecidos mares y vivir el riesgo puro
crujiendo nervios, mojando en sangre el chicote.
Prefiero estrellar mi cabeza contra el muro
que prostituir mis naves en la seguridad del puerto
eso es haber perdido la vida sin haber muerto
es vivir sin estrellas, de los cielos, el más oscuro.
Para que sirven las estrellas en el cielo abierto
sino para incitar capitanes a poseerlas
para arriesgar la vida tras las perlas
que en la perra noche fecundan el negro yerto.
Para que sirven las estrellas si al verlas
no nos recuerdan que somos navegantes
marineros de absolutos, mendigos errantes
sedientos moribundos del deseo de beberlas.
Para que sirven esas gotas de rocío rutilantes
si no pueden saltar la barrera del infierno
para aliviar mi Epulón en este Averno
de navegar con mil egoísmos tripulantes
¿Fui yo mismo que apagué el eterno
deseo de conquistar todo lo que existe?
¿Fui yo quien parió esta calma triste
de vivir sin banderas el peor de los inviernos?
Si fui yo.... justo es el luto que mi alma viste
porque destruí torpemente las flores de mi jardín
y ahora no puedo entrar en él pues serafín,
le guarda y todo lo burdo resiste.
Del Edén de mis ansias fui otro Caín
fratricida impío de mi mejor poesía
desterrado de mis vientos seguí la apostasía
de olvidar la cumbre y escoger el magín.
La peor tortura es no ser señor de la travesía
lastimoso títere de mis miserias
ya no me hierve rebelión en las arterias
ni voluntad de exterminar seducción y herejía
Mas, el cielo se apiadó de mis escorias
y mis estrellas fueron redimidas
lucero ensangrentado rasgó las crisálidas
de mis esperanzas contenidas en sus glorias
Lucero ensangrentado lleno de heridas
amaneció a mi vida como empíreo rescate
me puso de pie, alzó mis banderas en el combate
construyó de nuevo mis certezas demolidas
Lucero ensangrentado único acicate
que me quedó en la vida
marchita aspiración atardecida
de gastarme persiguiendo tu estela granate
Tu luz vuelve todo yaga enrojecida
y mis alas quebradas no sueñan halconería
sino apenas la modesta alegría
del brillar sin colores, de la sangre embebida
Por eso,
ya no pregunto en la noche sombría
para que sirven las estrellas
simplemente sin ellas
moriría
Conselheiro
sábado, noviembre 26, 2005
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