Si yo tuviese un amigo
derrocaría mil tiranías
si yo encontrase el abrigo
de cantar con alguien elegías
en mi casa no habría postigo
que contuviere mis algarabías.
Si la amistad morase conmigo
sería otra vez invencible gladiador,
juez implacable en el castigo
de toda injusticia vindicador
mi andar no sería mendigo
sería mil ejércitos, al ritmo del tambor.
Si de nuevo ese torrente arrollador,
esa fuente inacabable de energía
embriagase mis venas con su licor
al Olimpo entero con sus dioses gritaría
Temblad! Tengo un amigo y el terror
es pan para mi hambre de caballería.
Si en mi vida naciera la poesía
y se encendiera el tibio hogar
de un pecho amigo y sin falsía
en quien sin miedo reposar
las lágrimas de esta terrible sequía
serían vino, aún sin uvas y sin lagar.
Si para siempre pudiese perpetuar
aquellas tardes inefables
de en libertad reír y cabalgar
aunque herejía las más detestable
hasta el cielo podría postergar
en el tibio dulzor de una charla feble.
Así y todo no puedo
dejar de reconocer
que fui traidor de mi credo
porque siempre amigo al atardecer
me sostenía en mi miedo
sin dejarme caer.
Ese amigo muchas veces
en mis anocheceres
quiso aliviar mis pesares
pero fui sordo a sus preces
no dispuse cena ni enseres
sino amargos agraces.
Estaba a la puerta
y quiso cenar conmigo
pero como a traidor enemigo
rehusé sin miramientos su oferta,
aunque permaneciera abierta
mi alma en purulento serpigo.
Por eso ahora una sola cosa pido
y es soledad verdadera
y es soledad aterradora
y es la soledad del caído
y es soledad del que desfallecido
sólo procura caricia consoladora
del único y verdadero AMIGO.
Conselheiro
sábado, noviembre 26, 2005
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