No es que esté alegre
simplemente no quiero
zambullirme en el estero,
laguna o mar del más fiero
pus de penas y vinagre.
Vivo la alegría del muerto,
ser intangible a la tristeza
porque soy intangible puerto
de todo lo que al vivo interesa.
Soy extranjero de lo que siento
soy foráneo del intento
de ver, escuchar, palpar, aspirar
de las rosas, del clavel, del mar
de la savia de la vida el aliento.
La vida bulle traviesa
y cada paso son estallidos
de genios, duendes y bandidos
que juegan bromas con el sol,
haciendo de sus rayos trenza
con tiernos brotes de mistol.
Pero, si has perdido en la mirada
amaneceres de niño ingenuo
si como un desterrado inicuo
tu mirar es forastero
de lo que vive, alegra y agrada.
Entonces, entonces mi amigo
las lágrimas que empañan
son un alivio
escurren serenas, acarician, engañan
libran del sol, que mudó en castigo.
Vive, entonces mi amigo,
la alegría del muerto
que es caminar sin ver, sentir sin ser
labrador, escultor y testigo
del brote de tu vida, de tu huerto.
Lille
sábado, noviembre 26, 2005
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