Sin preguntar llegó la muerte un día
el rebelde viento pretendida pertenencia
ya no mece mi pecho con su cadencia
y grité: ¡Se agostó la alegría!
Y dije: -Si depongo la altanería
cuan vulgar es mi herencia
y mi hiel destila repugnancia
porque ha muerto la poesía.
¿Pero, no es justamente la muerte
y el desgarro del alma inerte
la despiadada musa de toda belleza?
¿No es el Nazareno elevado en lo alto
el atractivo que al hombre ha vuelto
poeta sediento...voraz de íntima nobleza?
Tulkas
sábado, noviembre 26, 2005
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