Señor ¿Quien soy? Una y otra vez, ¿quien soy?
¿Gastaré mi vida siendo cazador de mi mismo?
¿Perpetuamente al amanecer dudaré donde voy?
¿Henchirán siempre mi pecho vientos de abismo
que cuestionan invariables el camino en que hago?
¿Otra vez he de sufrir la procela y el sismo
de todas mis estrellas que persigo, y no apago?
Te suplico ¡libra mi mente deste odioso estrabismo!.
Es terrible este dolor de nacer todos los días
y mayor es la agonía de parirme, de darme a luz
en cada uno de mis desorbitados anhelos y poesías
y en mis imposibles batallas de pluma y arcabuz.
Quien pudiera esta sombra retroceder, nuevo Isaías,
mejor, cual otro Josué al mediodía, detener el sol,
para que pudiese encontrar la clave de mis melodías
y fundir lo ingenuo de mi rostro en perpetuo crisol.
Me gustaría poder acostumbrarme a existir,
me gustaría ser como el común de los hombres
prosaico, dormido, ante el vértigo infinito de vivir
no estar siempre acosado de los mil enjambres
de posibilidades que el tiempo nos ofrece perseguir
como señuelos burlones que una vez escogidos
desaparecen de nuestras manos, al solo traslucir
la plenitud absoluta de anhelos jamás concebidos.
Pero, eso es solo anestesia, ultraje y herejía
así y todo es mejor ser una herida abierta de absoluto
aunque hubiera que arrastrarse, yo siempre sería
hombre de negro, cargando el insoportable luto
de no reposar, de no alcanzar, del no todavía.
Aún así prefiero ese peso terrible en el lomo
a ser mueca tarada de una vulgar alegría
torpe vegetar sin estilo, sin banderas, ni aplomo.
Por eso estoy condenado al indecible vértigo
de elegir, de ser libre, de ser llevado a lo alto
del templo y someterme al implacable látigo
de ser tentado por el abismo a dar el salto
y en cada elección repetir el demoledor rito
de mareado por el precipicio, avanzar resuelto,
escoger el bien, rechazar el mal, destruir el mito
de santidades inefables sin pavor ni sobresalto.
Me haré a la mar, una y otra vez, como Ulises
atado férreamente al mástil mayor de la nave
correré el riesgo de escuchar lo que dices
sirena de embrujos, hechizos y balada suave
oiré el embriagador encanto de todo lo que existe
me seducirá todo lo que en mi alma cabe
pero será mi amarra voluntad ciega que insiste
en hacer del mástil cruz de amor grave.
Cruz que es infinitamente más deseable
que el sórdido destino de remar sin oír,
sin tocar, palpar, ni sentir el viento indomable
que viene del mar y no puedo predecir.
Es mejor mojar los labios con la caricia inefable
del húmedo llanto de la realidad entera,
que nos gime y clama el deber inalienable
de redimir todo, anhelando divina ribera.
Señor necesito la fuerza y el coraje
de no ser remero ni galeote de oídos taponados
Dame siempre de ese tu divino brebaje
que generoso entregas a los que están acabados
destruyendo tu pecho pelícano cruel
nos tus polluelos ansiosos fuimos cebados
con tu anonadación de divino Emanuel
que grita, ¡no has muerto!, ¡lanza de nuevo los dados!
Siento un temor enorme del riesgo que exiges
cada una de mis fibras suda y tiembla espantada
me veo tan ridículo, tan débil, tan sin bagajes
de yelmo, armadura, coraza y espada
al contrario hasta de mi piel fui despojado,
solo me queda el rojo de mi sangre cuajada,
y los sacudones epilépticos de quien a elegido
arrancar mil veces la costra incrustada.
Es cruel haber descubierto que elegir
es vivir sin piel, siempre hecho una llaga
desgarrando implacables el conato de huir
de escoger solo el todo, absoluto y zaga
de huellas encantadas, celadas de seducir.
Una y otra vez rodaré como Sísifo el peñón
hasta que aturdan mis huesos de tanto crujir
y me libere redentor el martirio de toda ilusión.
Ilusión que estrangularé con mis propias manos
martirio exigido de quien quiere satisfacer
un Dios radical, extremista y de celos arcanos
que enloquece desorbitado por mi querer
y arde en furia contra sueños y amores profanos
que prostituyen mi alma y desvían un poco siquiera
de transfigurarnos moliendo para el pan los granos
de la unión divina con nuestra naturaleza rastrera.
Oración:
Por eso Dame Señor, la fuerza
de siempre elegirte, escogerte.
Y auque el dolor me retuerza
y la pugna me deje inerte
que no haga de mi vida farsa
sin vivir las entrañas de eso que llaman libertad...
Lille
sábado, noviembre 26, 2005
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