Si no hubiera elegido lo que elegí
si no hubiera amado lo que amé
si no hubiera sacrificado cuanto sacrifiqué
mi destino estaría junto a ti.
Y aunque el verte podría derrumbar cien universos
y aunque Da Vinci
de pintarte fuese indigno pincel
y aunque el mismo López con su versos
dibujase de ti apenas deslucido oropel
y aunque tu perfumada piel
humille los terciopelos más tersos
ni aún así
tus bellezas
mil demonios perversos
hacen que triste me sienta,
ni que me arrepienta,
de haber amado lo que amé.
Al contrario,
mi corazón se llena de alegría,
porque si existe un Dios
y es bueno
no deja audacia, ni quijotería,
ni el rasgado seno
de ser uno y vivir en dos partido,
de ser quebracho y simular heno
sin su justo premio
sin vendar el corazón herido.
Porque apostar a Dios no es lotería,
tampoco seguridad tediosa de abstemio,
es licor de riesgo infinito y apremio
de hundir la cabeza en el cieno,
de sentir aire de caballería,
de ser condenado al manicomio
de haber amado lo que amé,
y de alegre desterrarte de la poesía
de la cual eres musa y demonio,
sin llantos, sin dramas,
como hombre, sin melancolía.
Por eso,
si no hubiera elegido lo que elegí
si no hubiera amado lo que amé
si no hubiera sacrificado cuanto sacrifiqué
simplemente... junto a ti... estaría.
Lille
sábado, noviembre 26, 2005
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