¿Que te enoja mi dulce niña?
déjame entrar
déjame saber
¿Qué escudriña
tu almita en su haber?
¿qué crispa tus manitas?
¿Cuál es la tiña
que tus tensos deditos, ,
que incansable agitas,
buscas de ti desterrar?
¿En qué meditas?
No tienes edad para desafiar
el mundo y sus mitos,
tus sueños, mi niña,
son indefensos angelitos
tiernos brotes en la viña
ingenua de tus anhelos.
No dejes caer los velos
que tus secretos protegen
no te embauquen las artimañas
de los que viven en el suelo.
Derribar tu vuelo
buscan incansables
ensuciando el cielo
de tus empíreos espacios.
Sus palabras son sables
que matan, encarcelan y enjaulan
lo mejor de ti,
lo más amable,
lo más puro.
Quieren bañarte con cianuro
que mate tu risa cristalina
quieren con ceniza y jable
apagar tu sed de infinito.
Quieren usar tu inmaculado cuerpecito
como el frío adorno
la burda confirmación
del estuprante prurito
de sevicia y violación,
de sodomía,
de ser como ellos quieren
de incinerar el fresco y la alegría
de cabalgar
y reír en libertad.
De sobrevolar el abismo
de elegir bien o mal
quieren que seas normal
quieren someter hasta el mismo
brillo claro de tus ojos.
Por eso, hincado
te ruego de rodillas
no abras los cerrojos
de tu almita virginal
no tragues nunca el tamal
te pido de hinojos
conserva siempre tu brío
y tu llanto crío
conserva siempre tus enojos.
Lille Søren
sábado, noviembre 26, 2005
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